INTRODUCCIÓN
Todos hemos escuchado hablar alguna vez de las bebidas energéticas y seguramente la gran mayoría de personas se han tomado una ya sea para aguantar más tiempo despierto una noche, para hacer deporte o simplemente una tarde con tus amigos en el parque.
Las bebidas energéticas se han popularizado entre los jóvenes a nivel mundial y sus ventas han incrementado en los últimos años, llegando a aumentar su consumo nueve veces entre 2010 y 2020, pasando de 0,4 a 3,6 litros per cápita. Datos oficiales de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) revelan que el 68% de los jóvenes de entre 10 y 18 años de la Unión Europea las consumen y, entre ellos, el 12% presenta un consumo de 7 litros al mes.
La primera bebida energética apareció en los Estados Unidos en 1949 y fue comercializada como “Dr. Enuf”, pero su popularidad y expansión por todo el mundo comenzó en 1987, con el lanzamiento de la bebida conocida como “Red Bull” en Austria.
Todas estas bebidas nacieron con la intención de incrementar la resistencia física, habilitar reacciones más veloces a quien las consume, lograr un nivel de concentración mayor, evitar el sueño, proporcionar sensación de bienestar, estimular el metabolismo y ayudar a eliminar sustancias nocivas para el cuerpo. Por estas razones, en la actualidad, estas bebidas son muy populares entre los deportistas, estudiantes, empleados nocturnos y cualquier otro tipo de personas.
A pesar de que su consumo se encuentra en constante aumento, no debemos abusar de ellas ya que pueden llegar a tener consecuencias perjudiciales para nosotros debido a que contienen unas elevadas dosis de cafeína y azúcar. Entre sus efectos podemos encontrar: alteraciones del sueño, irritabilidad, problemas de concentración, hipertensión, diabetes y trastornos cardiovasculares y neurológicos.
Además, la jefa del Servicio de Nutrición y Dietética del Hospital de Alzira, Pilar Luna nos informa de que el nivel de cafeína presente en una lata de 300 ml de una bebida energética equivale a 4 cafés, lo cual puede ser potencialmente peligroso para cualquier persona, También recalca que está demostrado que a las pocas horas de ingerir estas bebidas, el cuerpo humano aumenta de manera considerable sus niveles de estrés, el ritmo
cardiaco y la presión arterial.
Por este motivo, en este trabajo hemos querido comprobar si la presión arterial, la frecuencia cardiaca y la saturación de oxígeno en sangre cambian al tomarnos una bebida energética.





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